Maternidad, sociedad e instinto, ¿dónde queda cada cosa?


La maternidad en si misma tiene muchos matices y variantes dependiendo de como se mire; de como se haya llegado a esa propia maternidad, de como se viva o se haya vivido, de la cultura, de la sociedad en la que se vida, de la propia educación recibida…

No es igual la maternidad que vivimos hoy en día en una sociedad industrializada y tecnológica en la que todo de mide al milímetro que la maternidad que se vive en una tribu de un poblado perdido en medio de la selva.

No me refiero a lo externo, sino que miro más allá, el contenido de esa maternidad, la riqueza de esas experiencias en la que una mujer se siente conectada consigo misma, a sus instintos más internos y primitivos.

Una maternidad en la que los legados pasan de generación en generación, en círculos maternales, en tribus, en tiendas rojas, en grupos de mujeres que se apoyan y se arropan unas a otras.

A nivel social la maternidad es una etapa que vive la mujer principalmente ya que por decirlo de algún modo es su “obligación” y es algo pasajero, en unos meses de nuevo ya está lista para seguir la cadena de montaje y continuar con su vida con normalidad. De esta forma puede seguir en activo, produciendo para no salir del mercado laboral, de lo establecido como “normal” o “bien visto”.

Despegarse de ese bebé a tiempo parcial o completo, convirtiendo la relación de los hijos en un quehacer más. Pero sin olvidar que además hay que sumar: las prisas, el estrés del día a día, casa, comidas, con lo que se convierte en un peso o un agobio el hecho de llegar a casa; en lugar de ser un momento placentero con los peques. Baños, cenas, dormir y poder sentarte o al menos intentarlo 10 minutos en el sofá, poder leer o simplemente desconectar de un largo y agotador día de trabajo fuera y dentro de casa.

Poder incluso tener una conversación de pareja, un momento a solas para los dos después de un día de prisas y carreras…

En lugar de poder vivir esa maternidad deseada, en la que poder disfrutar y compartir cada aprendizaje y evolución del bebé que crece a una velocidad vertiginosa, nos encontramos sin darnos cuenta con que habrán pasado los años y no habremos compartido casi nada, por que sin darnos cuenta hemos seguido el ritmo de la maternidad social en lugar de tu propio ritmo, tu propia maternidad, la que tu has soñado, idealizado y a fin de cuentas la que tu quieres vivir con tus aciertos y errores… 

Sentimientos reales que de algún modo hay que evitar u omitir porque no es lo habitual y puedes llegar a sentirte fuera de lugar…

Sin embargo no todas las mujeres entienden esta maternidad como lo habitual, sino que tienen otras necesidades y otros sentimientos, ante los cuales comienza una lucha interna para hacer lo correcto, una lucha invisible ante lo social y el instinto, entre lo que una quiere hacer y lo que el resto opina que debe hacer…

Maternidad en una sociedad en proceso de cambio, aunque todavía queda mucho por hacer.

Una de las cosas importantes a tener en cuenta es aprender a validar tus sentimientos, darles el peso y el lugar correcto a pesar de lo que los demás opinen, lo que tu sientes es algo que solo sientes tu y nadie te lo puede rebatir les guste o no.

Lidiar con una lucha interna que en muchas ocasiones se extiende a la familia o al entorno más cercano convirtiéndose en algo agotador en algunas ocasiones.

Lo más importante es conseguir hacer aquello que en realidad TU deseas hacer de verdad, aquello que SIENTES en lo más profundo de tu ser y que pone en armonía tu instinto, algo que sin saber cómo sientes dentro y te guía como madre en cada paso de tu maternidad…

 

Maternidad, sociedad e instinto, ¿dónde queda cada cosa?

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