Y mis pasos me llevaron a ella…


 

 

 

 

Hoy tengo el placer de tener a Rocío Cuellar como autora invitada.

¡Gracias Rocío, es un placer tenerte aquí hoy!

Rocio Cuellar Asignación número Transvulcania 2015

Rocío nos regala hoy la crónica de Transvulcania 2015, que realizó el pasado 9 de Mayo de este mismo año. Para Rocío ha sido una forma muy especial de despedir y homenajear a su hija Isabel, que precisamente en esas fechas hacía cuatro años que fallecía en su vientre.

 

Rocío ha recorrido un camino duro, al igual que lo hacen todas las madres que pierden a un hijo. Hoy sus palabras, su propia vivencia nos acerca más a ella, nos ayuda a entender mejor que es posible transitar el duelo y transformar todo ese dolor en amor, en amor hacia esos pequeños bebés que nos dejan sin que nadie nos prepare para ello.

 

Además en ese homenaje particular de Rocío, dio la posibilidad a otras madres de acompañarla en la distancia y ella fue portadora de muchos mensajes de otras madres, de los hermanos y los padres de otros bebés que hoy no nos pueden acompañar porque murieron demasiado pronto…

 

Quiero agradecer de parte de todas esas madres entre la que me incluyo también, de todos esos hermanos y padres que han sido participes de esta gran carrera que ha liderado Rocío Cuellar.

 

¡GRACIAS Rocio Cuellar por hacernos partícipes de este homenaje tan especial, de esta despedida, de este encuentro y de este maravilloso regalo que NUNCA OLVIDAREMOS!

 

 

 

Y mis pasos me llevaron a ella

 

Cargué mi camelback y los bastones, le di un beso a mi marido, me dijo “sé que lo vas a conseguir, nos vemos en el Refugio de El Pilar”.

Transvulcania Rocio Cuellar 2015

Cerré la puerta de la habitación, eran las tres de la madrugada, di un paso y otro, comencé a abandonar la seguridad de mi familia, la comodidad de la mullida cama. Sabía lo que iba a hacer, estaba asustada, un paso y otro, uno tras otro, que mis pasos me lleven a tí pensaba.

El camino del duelo por la muerte de tu bebé es muy duro, es un desierto en el que no hay ninguna señal que te oriente y está lleno de depredadores, desde tu propia alma, familia, sociedad y entorno más cercano. Solo necesitas saber que tienes que seguir caminando, tener fe en que un día pisarás verde hierba, que no es la que tu querías pisar, pero es a la que te han dirigido tus pasos y tu periplo vital.

Llegó la guagua, nos subimos y en 10 minutos estábamos allí, en el faro de Fuencaliente, corrimos hasta uno de los laterales del Faro, hacía mucho viento y frio. Allí nos apretujamos unos con otros, terminé brazo con brazo con Helga, una austriaca que venía desde Salzburgo. En tres horas charlamos mucho, le conté porque corría y que llevaba banderas de otros bebés que se habían ido demasiado pronto.

Había decidido decir a todo el que se me acercase el porque de mi carrera. He decidido en mi vida que no voy a callarme respecto a este tema. Tengo dos hijas una viva y otra muerta y las dos son mis hijas y de las dos soy su madre.

Se oyó la señal de inicio de la carrera, a mi derecha estaba el mar, y las olas golpeando contra la orilla con dureza. Las olas era constantes, como al principio del duelo, que los tsunamis de dolor vienen de forma continua, casi no te dejan recuperarte de una a otra, así era como estaba el mar. Comencé a correr, una serpiente multicolor de frontales y luces rojas llenó la montaña, me dije a mi misma, Rocío tranquila que hay que llegar.

Rocio Cuellar y Pablo Alvarez Transvulcania 2015

Empecé a subir la pendiente a buen ritmo, no me pesaban las piernas, se nota todo el entrenamiento dirigido por Pablo Álvarez. Cuando me di cuenta había llegado al avituallamiento de Los Canarios en muy buen estado, iba cumpliendo mi promedio para llegar en tiempo a la meta.

La gente comenzó a gritarme a vitorearme, a animarme, yo les di las gracias a todos y les lancé un beso. Un voluntario con una pipa en la boca me miró con cara de risa y me dijo “eres la última”, y no, no lo era, pero no le contesté.

He decidido no dejarme influir más por las palabras de la gente que no me respeta. He decidido en mi vida que a quien no le interesa mi hija muerta ni mi duelo, no le intereso yo y que por tanto son personas que no quiero a mi lado.

Bebí agua, rellené mi camelback, recibí mucho ánimo de todas las personas que estaban allí, se me acercó Patricia, me dijo algo que no recuerdo que fue.

En el camino del duelo encuentras personas que te tienden una mano, que sienten tu dolor como suyo y te prestan su hombro para que te apoyes en él y puedas mantener tus rodillas derechas por el peso de tanta desgracia.

Seguí mi camino, muy bien, encaré las pendientes mucho mejor que en 2010. Iba muy feliz, sentía a mi hija conmigo, ella venía como brincando a mi lado, yo iba cantando, hablando con ella. Fue muy hermoso pasar todo ese tiempo solo con ella. Igual que cuando me quedo un día entero con mi hija Paloma. Esas horas eran para Isabel, ella había venido, estaba conmigo y ahora sé que ha venido para quedarse. Porque ahora soy capaz de verla con los ojos del corazón, y no de la cara, una paz inundó mi alma.

Rocio Cuellar 2015  TransvulcaniaFinalmente mis pasos se habían encontrado con los de ella y seguíamos las dos presurosas, montaña arriba, entre los pinos y el picón, celebrando nuestro reencuentro. Lloré de emoción ¿sería que había dejado de atravesar el desierto?, ¿sería que finalmente había concluido mi duelo?, ¿sería que había conseguido transformar el dolor en amor?, ¿sería que finalmente nos habíamos encontrado?.

Saludé a un señor muy amable y me preguntó si necesitaba agua o algo, le dije que no, que iba muy bien, le conté que corría por mi hija Isabel, que hacía cuatro años que se había muerto y que este era el funeral que no le había dado.

Seguí subiendo, pasé un puesto de Cruz Roja, volví a encontrarme a Patricia. Patricia Etxenagusia, aparejadora de Durango.

Se había sentado a tomar algo, hablé con ella y me preguntó si era la corredora escoba. Pensó que era la corredora escoba porque me había escuchado cantar y hablar en voz alta. Me reí, le dije que no y pensé que tal vez creía que estaba loca. Me dijo que era vasca y entonces yo le dije que ser vasco y buen montañero que no tenía mérito, que era como ser negro y correr bien, y nos volvimos a reir.

Patricia se quedó sentada y yo proseguí. Me adentré a mas altitud, comenzaron a desaparecer los árboles, comencé a subir una pendiente muy pronunciada, muy larga, con arena suelta y tierra volcánica, muchísimo calor y ralenticé el paso.

Creía que no iba a llegar, me había quedado sin fuerzas, mi cabeza no pensaba bien. Iba contando los pasos de cien en cien. Mucha gente que iba delante mía comenzó a retirarse, con vómitos algunos, otros cansados. Y pensé, Rocío afloja que tu idea es llegar. Ralenticé más mi paso, ya casi no me entraban los geles, pero no podía dejar de beber agua, lo peor era deshidratarme, mi estómago estaba un poco afectado por todo.

Hay momentos en el duelo por un hijo que te sientes igual, que sientes que no puedes más, que estás de rodillas ante la vida. Sientes que vas a abandonar, que no tienes motivos por los cuales seguir. No hay señales, solo los depredadores de tu mente.

Entonces apareció Patricia de nuevo. Algunas veces en el camino del duelo, cuando crees que no puedes más, una mano amiga, otra mujer, otra madre, como Patricia Etxenagusia, aparece de la nada y te ayuda a seguir adelante.

Ella me comentó algo acerca del calor y la dureza. Yo le dije que había que llegar arriba porque tenía que dejar unas banderas y ella me preguntó que si lo que iba a hacer era una especie de promesa o algo así. Le dije que si, que si lo hacía yo era como si lo hicieran las otras mamás. Y entonces se volteó hacia a mí y me dijo que si era así que me acompañaba para que no fuese sola, porque le había convencido mi idea.

Así sin más, es como hace la gente que te ayuda en el camino del duelo, así sin más se ponen a caminar a tu lado y te dirigen por un camino sin señales.

A partir de ese momento sabía que llegaría y sabía que mi Isabel me había mandado a Patricia para acabar mi carrera. A partir de ese momento todo fue más fácil, sabíamos ya que íbamos bastante fuera de tiempo, pero no nos importaba.

Un poco más adelante me paré, tenía que cambiarme. Es curioso pero siempre tengo problemas con que se me adelanta la regla y ese mes precisamente se me atrasó y fue ese mismo día el que mas sangré, igual que en ese parto, cuatro años antes, ese mismo día, mi cuerpo sangraba porque ella se había ido. Ahora sangraba recibiéndola, porque ya siempre estaremos juntas.

Seguimos mi inseparable Patricia y yo caminando, llegamos al avituallamiento de Las Deseadas. Fueron todos amabilísimos. Un señor nos dijo que estábamos fuera de tiempo, que solo quedaba media hora para que cerrase la meta y que aún nos quedaban 7 km. Le dijimos que queríamos continuar, le contamos cual era nuestra misión y se conmovieron.

Es muy bonito encontrar a buena gente en el camino de tu duelo, yo los encontré durante la carrera. A la buena gente también le pasan cosas malas.

Me encanta esa frase de Bruce Lee que dice:

“Esperar que la vida te trate bien porque eres buena persona, es como esperar que un tigre no te ataque porque eres vegetariano”.

Proseguimos nuestro camino, subimos la pendiente que separa el avituallamiento del alto de Las Deseadas, y una vez en la cima, no era igual que cuando yo subí hace cinco años, era diferente. No estaban los postes donde yo quería dejar la bandera. Avanzamos Patricia y yo para ver un buen sitio. Y entonces lo vi. Un punto geodésico.

Unos días antes de la carrera Georgina González, una madre mariposa valiente, me escribió desde México. Había tenido un sueño conmigo. Que llegaba a una explanada y que no llevaba prisa, que estaba feliz y tranquila, y que dejé allí las banderas. Y así fue, estoy convencida que mi Isabel me dio un mensaje a través de ella, porque así mismo fue.

Rocio Cuellar Transvulcania 2015     Rocio Cuellar  2015 Transvulcania conseguido

Puse las banderolas de mi hija, de todos los bebés que llevaba conmigo, confeccionadas por sus madres, hermanos. Y sentí que estábamos pulverizando el silencio, pensé que les estábamos haciendo justicia y prometí que nunca daría un paso atrás en esta lucha.

Rocio Cuellar Transvulcania 2015 Homenaje a nuestros hijos    Rocio Cuellar Transvulcania 2015 Banderines

Lo demás ya lo conocen, bajé desde Las Deseadas al Refugio de El Pilar tranquilamente, junto a Patricia. Cuando llegamos a meta, estaban allí el marido de Patricia, mi arcoíris y mi marido.

Rocio Cuellar Transvulcania 2015 metaCrucé la línea de chips, y pasé por debajo del arco de meta, había llegado, así sin pena ni gloria. Estaba rota, pero con mi alma llena de amor, y con la sensación de haber cerrado un bucle.

Le estaba contando a mi marido que habíamos dejado las banderas en la cima y entonces una mujer de la organización, me agarró la mano, con sus ojos llenos de lágrimas y me dijo “ya se quién eres” y en su mirada lo entendí todo.

Devolví el chip, me senté, hidraté y comí algo. Abracé a mi arcoíris.

Decidimos llevar a Patricia y a su marido al hotel, después de todo es lo menos que podíamos hacer después de lo que había hecho ella.

Mientras nos dirigíamos al coche, cruzando la carretera, una mariposa naranja y marrón vino a verme.

 

Me acordé de la de preciosa frase de René Trossero:

“No te mueras con tus muertos; muéstrales mas bien, que como el árbol podado en el invierno, lejos de morirte, retoñas vistiendo tu desnudez, devolviendo frutos por heridas”

 

Miré la mariposa, no le dije nada a nadie, pero yo sabía que era una señal, eso significaba que había salido del desierto, que estaba pisando hierba verde. Significaba que mis pasos me habían llevado a ella, que mi corazón ya nunca se separaría del suyo, que siempre seria su madre aunque no pudiese abrazarla como a su hermana.

Significaba que había llegado a meta, significa que mi alma puede descansar, significa que siempre, siempre estaremos juntas, y que solo la muerte, podrá unirnos más.

Significaba que finalmente mis pasos me habían llevado a ella.

A los pocos días de regresar de La Palma, pedí cita con un osteópata. Le pedí que me rectificase el coxis, que estaba torcido desde el parto de Isabel.

No había querido ir antes, porque ese dolor físico era lo único que me quedaba de ella.

Entré en la consulta y salí de allí con mi coxis en su sitio y sin dolores.

Porque al final del camino y después de todo, mi hija nunca ha sido dolor, sino amor.

El amor más grande que puede haber en el mundo, que me hace atravesar montañas y regresar desde el infierno para renacer siendo una mujer diferente.

Y sobre todo para hacerle el mejor regalo a mi bebé estrella y a mi familia y a mi misma, ser feliz a pesar de que ella no está físicamente.

 

Que mis pasos me lleven a ti, que mi corazón no se separe del tuyo, ahora sé que lo he conseguido.

Isabel


8 comentarios

  1. Bravoo Isabel!!!
    Felicidades x cumplir tu meta, gracias x compartir tu experiencia, por ser portadora de tal fuerza y desición, por pulverizar el silencio como dices. Muchos son los caminos y formas de vivir el duelo pero la finalidad es la misma convertir el dolor en amor, dejarnos tocar hasta lo mas profundo y de ahí resurgir transformadas y lo mejor es que una vez logrado podemos guiar a alguien mas y comprender cada situación que atraviezan. Un enorme abrazo desde México, y mil besos a nuestros bebés, estrrellas que dan rumbo a nuestra vida para encontrarnos cuando ésta termine.
    Bien hecho Pilar!!!
    Irma Vázquez mamá de Matias.

  2. Como ya te dije… eres spectacular!
    Sublime es el escrito, como el camino que has hecho!
    Que honor para Isabel tener una madre como tu… que no descansa en este camino y lleva su lucha incondicional hasta el extremo…
    Muchas felicidades! Adelante campeona, te has Ganado la admiración de muchas madre mariposa!

    • Monica,gracias,no tengo palabras x todas las cosas bonitas q me decis. Para mi esto ha sido un antes y un despues. Me decia una compañera doula q ahora tengo brillo en la mirada, y es verdad

  3. ROCIO ME EMOCIONANTES, ES ASI TU HIJA ES AMOR NUNCA DOLOR. SE FELIZ ES LO QUE ELLA QUISIERA

  4. Felicidades y Gracias Rocío, por compartir, por la fuerza y amor que se leen en estas letras y porque a través de tu historia veo un camino de posibilidad en mis diferentes duelos, hacer algo lindo en su honor.

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